07 Mayo 2017

CARTA ABIERTA A LOS ALCALDES

Carta al director de Jonás Figueroa Salas, Académico Usach y miembro de Fundación Defendamos la Ciudad.

Los problemas denunciados por el Intendente Orrego pueden ser considerados como la gota que rebalsa el vaso de la tolerancia urbanística, con relación al estado lamentable que presenta la renovación de los contenedores edilicios de las comunas metropolitanas. Con plan y sin plan regulador las situaciones son similares: calles ensombrecidas, medianeras inexistentes, aceras mínimas, fachadas sin resguardo ambiental en un inexplicable esfuerzo de ahorro de materiales, pobres tipologías arquitectónicas, diseños sin estándares climáticos, etc.

En el caso particular de la comuna de Estación Central, la cuestión es más amplia y su conocimiento debe llevarnos a modificar los modos y los procedimientos al uso en materias de construcción y urbanismo. Mucho nos ha costado cumplir con las normativas relativas a resistencia sísmica para venir ahora y echarlo todo a perder, atendiendo más a rendimientos elevados del capital inmobiliario que a las reales necesidades que hoy por hoy requiere la ciudadanía, a veces a costa de interesantes patrimonios residenciales, dignas albañilerías destruidas por la picota de la especulación.

En primer lugar, ya no es posible aceptar que sea el promotor inmobiliario el que fije superficies, calidades, tipos y requerimientos ambientales de buenas a primera sin ninguna participación de las instancias municipales. Tampoco es permisible a estas alturas aceptar que el proyecto de arquitectura determine la ocupación del suelo, los espacios públicos y ajardinamientos sin ningún plan ni programa que señale obras en el entorno público de los edificios, formas de relación de las primeras plantas con el nivel de suelo, etc. Las aceras de 80 cm. tantas veces criticadas desde esta tribuna, deben dar paso a amplios espacios  de tránsito peatonal que posibiliten el digno transitar de las personas.

Debemos sincerarnos de una vez por todas y en beneficio de mejorar y no empeorar estas situaciones perversas tan comunes en nuestras ciudades. Y este sinceramiento pasa por entender que el plan regulador no es el instrumento de planificación que en este siglo XXI requerimos para el resguardo de todos los intereses que convergen en el espacio urbano. Nunca lo ha sido y apenas puede ser considerado un código sobre usos y cumplimientos edilicios y nunca un real plan de  ciudad. Un plan es algo más que un código, es un proyecto urbano y un programa de operaciones que tienden a resolver los conflictos que presentan por su propia lógica las ciudades.

Lo que hoy requieren nuestras municipalidades en materias relacionadas con la construcción y el urbanismo son gerencias activas con habilidades en la gestión más que en la planificación. Actividad poco practicada o mal entendida en nuestro país, esta gestión urbanística debemos entenderla como el conjunto de acciones y negociaciones que se desarrollan antes, durante y después de la aplicación de una norma, de una construcción, de una reconversión, etc.

Jonás Figueroa Salas / Académico Usach

 

 



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