02 Noviembre 2016

LOS VALORES DEL SUELO URBANO

Columna de Opinión de Jonás Figueroa, Arquitecto-Urbanista USACH 

Recientemente, la prensa local ha divulgado noticias relacionadas con el suelo urbano, ya sea por su escasez o disponibilidad. Es este último caso, un estudio identifica en el interior de Santiago, una capacidad vacante suficiente para resolver los déficits pendientes y las necesidades de crecimiento poblacional de los próximos 20 años, si así lo permitiesen estratégicamente los rendimientos urbanísticos definidos por los llamados instrumentos de planificación. 

 

El estudio sobre la disponibilidad del suelo con potencial habitacional realizado por el Minvu (500 há.), echa por tierra las justificaciones de escasez de terrenos que avalaron la modificación del plan regulador metropolitano de Santiago, al agregar a los más de 1000 km2 de ciudad otros 100, sobre suelos agrícolas sujetos a riesgos de inundación, lejanos de los equipamientos que requiere el ciudadano. A esta disponibilidad de terrenos carente de desarrollo urbano, debemos agregar una capacidad vacante de vivienda antigua vacía y departamentos nuevos sin vender y que a nuestro juicio y medición debe rondar el 15 % del parque habitacional de la ciudad. 

 

Y estas contradicciones también dejan en evidencia que la urbanística chilena -legislación e instrumentos- considera el suelo urbano como un simple soporte físico de la actividad inmobiliaria, nunca teniendo presente sus cualidades sistémicas ni menos las propiedades que por su constitución, localización y paisaje representa en la acción urbanizadora, siendo apenas valorado por su cotización en el mercado. 

 

Hemos perdido importantes piezas paisajísticas por considerar el suelo urbano sólo como  una extensión inerte soporte de la actividad inmobiliaria, nunca desde otras consideraciones tales como climáticas, ambientales, estructurales, espaciales, geopolíticas, etc. Piezas que al estar integradas en el ámbito urbano, tales como quebradas, cerros, orillas fluviales, canales de riego y acequias, etc. hubiesen enriquecido la calidad ambiental y preventiva de una ciudad siempre situada en el peligroso borde del colapso sanitario y los riesgos meteorológicos. 

 

Siendo la dimensión fundamental necesaria del urbanismo, el suelo urbano carece de consideraciones en la legislación pertinente, no registrando las propiedades sísmicas, climáticas, patrimoniales, espaciales, etc. que debiesen condicionar su apropiado desarrollo. La falta de consideración de estas propiedades en los  planes reguladores en tanto instrumentos de una mal concebida planificación, plagada de políticas sin sentido y reformas carentes de desarrollo reglamentario, ha destruido un importante legado natural y climático que hubiese enriquecido biológicamente la espacialidad ambiental de la  ciudad.



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