10 Julio 2012

Expansión urbana

Columna de opinión de Jonás Figueroa Salas, Urbanista y académico de la Universidad de Santiag.o

Opiniones vertidas por profesionales del ramo en distintos medios de comunicación nos llevan a concluir que existe gran confusión sobre los contenidos y alcances de la planificación urbana. Y estos no deben ser otros que los que tienen el ser humano como destino y receptor de las actuaciones públicas y privadas llamadas a ordenar de modo global y concertado el crecimiento y la transformación cualitativa de las ciudades. Todos los demás es desperdicio y avaricia, cupiditas aedificatoria le llamaban los romanos. Una buena parte de las actuaciones realizadas bajo la Concertación buscaron esa cupitas aedificatoria mediante el consumo de la distancia. Las autopistas de peajes, las parcelas de agrado y los planes de zonificación condicionada son tres de los muchos errores que se cometieron cuando el interés privado se impuso sobre el interés público. Cuestión que los urbanistas de la Alianza que también lo fueron de la Concertación, son incapaces corregir mediante la introducción de nuevas metodologías. Los buenos negocios para la clase terrateniente del suelo urbano promovidos por la propia planificación oficial, son pésimos resultados para la población que reside lejos de los centros laborales, moviéndose cada mañana y al caer el día en buses pintados con nuevos colores pero con las mismos estándares de calidad de la viejas micros amarillas, sucias por fuera y por dentro, con viajes que superan con largueza la media de los 90 minutos de las ciudades del tercer mundo. Mientras las actuaciones urbanísticas en las ciudades de los países desarrollados buscan recuperar el espacio del peatón a través de grandes actuaciones sobre el espacio público, la vialidad y las áreas verdes, nosotros vamos al revés de los cristianos. Las grandes obras de infraestructura buscan el ensanche de calles y avenidas para el estacionamiento y el aumento de su capacidad vehicular. Nuestra vetusta Alameda de la Delicias es el reflejo histórico de ello: de cañada a paseo, de paseo a salón urbano, de salón urbano a autopista sin mediar estación intermedia. Hoy es el gran corredor de transporte; el espacio ciudadano por excelencia de nuestra ciudad, lugar de las festividad religiosa y cívica, del encuentro de las clases sociales y del gran evento ciudadano de nuestros abuelos quedó sepultado bajo las obras del metro y para recuperarlo, pasarán los siglos. Madrid y París son dos buenos ejemplos a la hora de asignarle referentes a nuestras actuaciones urbanas: aumento de las superficies peatonales en la Gran Vía, en el sector de la Puerta del Sol y en el Paseo del Prado de Madrid, esta última de la mano del arquitecto portugués Siza Vieira. Igual situación en París, buscando recuperar el destino de las ciudades, dando sostenibilidad a partir de la mejora del espacio del hombre. Todo lo demás es cupiditas aedificatoria, codicia y desperdicio.



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