20 Agosto 2009

cota 1000

Carta al director del arquitecto Ramón Delpiano, de la Fundación Defendamos la Ciudad.

Carta al director de Ramón Delpiano, de la Fundación Defendamos la Ciudad. Señor Director: En días pasados don Felipe Cáceres en Cartas al Director al Diario El Mercurio, alude a la Cota 1000 como una invención funcionaria, señalando en todo caso, que habitar la montaña es tarea difícil. Coincido plenamente con él, habitar la montaña es tarea difícil para los que conocemos los riesgos de rodados, aludes, aún remociones en masa propios de intervenir la Cordillera. Donde no puedo coincidir con él es que exceder la Cota 1000 sea una limitación por decreto como propone sino el resultado de largas y complejas experiencias de nuestra historia. En lo principal, que inmediatos bajo la Cota 1000 vivimos santiaguinos y el riesgo de habitar la montaña es interferir el curso de aguas cuando las hay torrenciales en invierno (porque hay menos absorción por construcción y pavimentos del suelo, mayor pendiente y más torrentosas) sin mencionar el costo de llevar donde no la hay para consumo residencial. Las desdichadas ocupaciones de parte de la falda del Cerro Manquehue, del Cerro Alvarado y Cerro 18 en Barnechea han creado no exactamente bellos paisajes andinos sino un atentado contra la belleza natural. La Cota 1000 en el decreto aludido no es fija sino oscila entre los 700 y 1300 m. s.n.m (en su origen es una vía expresa que bordea la ciudad de Caracas por la falda del Avila y que el gobierno venezolano ha tenido cuidado de preservarla tanto a ella misma como a sus entornos y de donde tomamos inadecuadamente el nombre). Por esta razón Cota 1000 no es una invención funcionaria sino un límite de altura variable para un área de protección ecológica a una montaña extremadamente frágil, sobre la que algunos continúan encumbrándose peligrosa y poco responsablemente con el resto de la ciudad que vive a sus pies.



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