25 Abril 2008

SUELOFAGIA Y NEOLIBERALISMO

Columna de opinión de Héctor Arroyo Llanos, de la Fundación Defendamos la Ciudad, Montreal 22 de abril de 2008.

Columna de opinión de Héctor Arroyo Llanos, de la Fundación Defendamos la Ciudad, Montreal 22 de abril de 2008. Hay ciudadanos que descubren que son neoliberales solamente cuando alguien se lo dice y, las más de las veces, se insultan al verse acusados de algo tan feo. No obstante, el neocapitalismo chileno sufre de suelofagia o prediofilia galopantes pues se asienta casi exclusivamente sobre el sector construcción- a menos que llamemos desarrollo industrial de punta a la fabricación de cerveza, alcohol, etanol, cemento, kerose, calzoncillos, celulosa, envases, puertas, ventanas y papel palpo- sector que, por su características, necesita devorar incesantemente áreas agrícolas, laderas de cerros y montañas, dunas arenosas, riberas de rios y lagos e, incluso, parques y campos deportivos urbanos apetitosos, no faltando una autoridá esclarecida que propusiera vender el Estadio Nacional, aunque por suerte todavía no ha surgido un mininistro que se encapriche con vender el aeropuerto de Pudahuel o el cerro Santa Lucía. Como resultado, hoy tenemos un sector construcción elefantiásico, reputado y putativo motor de la economía, celebrando nuestras autoridades con alborozo toda carretera, puente, torre de departamentos u oficinas que surge. Habiendo renunciado al desarrollo industrial del país, por imposición del neoliberalismo global, nos limitamos a vender pescado, frutas, aserrín y minerales sin elaboración casi y compramos productos industriales de nulo valor agregado local. Sólo nos queda, para cumplir con la falsa promesa concertacionista de disminuir la insultante brecha entre los grupos de mayores y menores ingresos, el sector construcción, el único capaz de ofrecer la hoja de parra del empleo abundante, hipotecando sin embargo la cultura y la capacitación de millones de personas para desempeñarse en el futuro en actividades más sofisticadas, abriendo una caja de Pandora voraz, pues los antiguos contratistas no han sido lerdos y a la voz polar de llegar y llevar han parado en verdaderos frankensteines territoriales, construyendo en cualquier parte cualquier cosa. Por otro lado, el sector construcción cuenta con el apoyo de las autoridades circunstanciales ya que, una vez terminadas sus funciones circunstanciales, caerán sobre el colchón que, con toda paciencia, han rellenado subrepticiamente, pasando a formar parte del mismo submundillo inmobiliario, cuyos apetitos desmedidos apoyaron con sus decisiones circunstanciales. El juicio emprendido por el CDE en contra de los desarrollistas alpinos que plantaron sus banderillas y defecaciones más allá de la cota 1000, ilustra palmariamente lo que promotores inmobiliarios avispados, compadres y comadres municipales y obsecuentes funcionarios estatales son capaces de hacer cuando nadie les mira. La suelofagia se aceleró durante el reinado de Ricardo Corazón a la Derecha, pero todavía no hay un solo ejemplar mencionable, pues parece que se les pasó el tejo, a pesar de los enjundiosos argumentos a favor de la suburbia soberbia, esgrimidos en su oportunidad. O sea, tenemos una superficie potencialmente utilizable que no ha sido utilizada, a la cual se desea agregar otra superficie utilizable, sin haber agotado los medios para utilizar la dicha superficie utilizable no utilizada. Me gustaría resucitar a Cantinflas y pedirle una entrevista televisada para que nos explicara el caso con sus propias palabras o, en su defecto, a una autoridá minvuna, a quien, además, se le podría pedir que nos indicara cuál es el porcentaje de ocupación actual y real de todos los edificios construidos y en construcción, no sea cosa que estemos enviando dólares limpios por dólares sucios hacia Macondo. En resumen, la expansión urbana no es más que la consecuencia inevitable de un desarrollo precario apoyado sobre el sector construcción, sector que está esperando que llegue a Chile la crisis mal llamada hipotecaria para desnudar las falencias y escasa visión de una minoría neoliberal sin conciencia de país, social ni ambiental ¡La de lamentaciones que se escucharán¡ “El capitalismo daña al planeta. El capitalismo debe erradicarse si se quiere salvar el planeta de los efectos del cambio climático. La tierra no puede ser entendida como una mercancía" (Palabras recientes de Ivo Morales, presidente de Bolivia, al inaugurar en Nueva York el VII Foro Permanente de Asuntos Indígenas de las Naciones Unidas).



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