31 Agosto 2011

¿POR QUÉ ME MARGINO DEL COLEGIO DE ARQUITECTOS DE CHILE?

Columna de opinión de Héctor Arroyo, Arquitecto y Urbanista de la Fundación Defendamos la Ciudad. No queriendo avalar con mi presencia un proceder poco lucido, hace un año y silenciosamente, decidí no participar más en las actividades del Colegio de Arquitectos. Mi desacuerdo tenía y tiene que ver con la falta de voluntad de sus directivas para acoger y vocear públicamente las conclusiones críticas, de muchas de las comisiones de trabajo existentes, acerca de la práctica de la profesión. Empero y puesto que en los últimos seis meses he recibido un par de llamadas invitándome a recuperar mi condición de colegiado, hago públicas las razones de mi marginación absoluta de tal asociación gremial. En primer lugar, el Colegio de Arquitectos de hoy no me representa, y no me representa puesto que no responde a mi visión del rol del arquitecto, ya que me niego a formar parte de un grupo que, en boca de unos de sus últimos presidentes, no es más que un sindicato -con el perdón de ellos por la comparación- de plomeros, con avisitos pegados con huincha adhesiva a los troncos de algunos árboles de algunos barrios de la ciudad, haciendo o apurando la cola para llegar frente a autoridades gubernamentales y municipales debidamente "flexibilizadas". En seguida y para mayor precisión, me margino porque el Colegio de Arquitectos encubre, soslaya, defiende, tolera y calla: - Los acomodos a la medida y oportunistas de los planes reguladores, - El aberrante “desparramo” de Santiago para favorecer la captación privada de plusvalía, - Las torres de departamentos tipificados ilegalmente como “viviendas sociales” sin estacionamientos, en barrios ya saturados, - La ampliación del Metro sin visión del Santiago del futuro, - Los gargarismos bucales acerca de la guetización de los sectores de menos ingresos, - La densificación abusiva mediante sobreexplotación del jugo del limón predial, - Las entibaciones en los subsuelos que vulneran la propiedad de los vecinos, sin compensación de ninguna especie, - La erradicación a billetazo de pobladores que llevan años dignificando su hábitat, - La inexistencia de programas de real rehabilitación de conjuntos de 40 y más años, - Las supervisones técnicas irresponsables, puestas a prueba con la primera lluvia, - La saturación de cimas con torres que soportan antenas privadas, - Las violaciones flagrantes del DFL 2, con posterioridad a la recepción final, - La evaluación de los impactos de la arquitectura sobre la circulación e inserción urbanas, - El escamoteo de espacios para el goce de quienes trabajan en edificios corporativos, - La casi nula defensa del escaso patrimonio urbano, - La expropiación al revés de áreas y espacios verdes privadas suculentas y apetitosas, - La proliferación de edificios con muros ciegos, producto de diseños ineptos, - Los conos de sombra cavernícolas, también producto de diseños ineptos, - La participación cupular en las reformas de la normativa urbana, - La ausencia de dispositivos arquitectónicos para personas discapacitadas, - Los vínculos entre autoridades municipales y desarrollistas del suelo urbano, - La incapacidad de CONAMA para evaluar ambientalmente proyectos urbanos mayores, - La desaparición de la exigencia de baños públicos en los edificios concurridos, - La desaparición del número cívico, - Un tribunal de ética profesional sin garra, - La vialidad intrusiva sin preocupación ni rediseño del entorno urbano inmediato, - La risible participación ciudadana en decisiones urbanas trascendentes, - Las violaciones reiteradas de la cota 1.000, es decir, la permisividad para construir viviendas en zonas no aptas - La cómica decisión de la Corte Suprema negando a la Contraloría su rol contralor de la legalidad, - La parsimonia casi servil ante el no-ministerio de la Vivienda y el Urbanismo, - Etcéteras. En resumen, el territorio sirviendo, en la óptica neoliberal, para construir cualquier cosa en cualquier lugar sin la menor preocupación por hacer ciudad y, en virtud de una pérfida consideración del sector construcción como motor de la economía y generador de empleo, se sacraliza la rentabilidad a toda costa de la inversión privada, sin captar las suculentas plusvalías. Me harán pasar por el ojo de una aguja antes que aceptar el camello del neoliberalismo urbano. (*) Arquitecto y Urbanista de la UCH, ex ICA 1563 Estudios de post grado en Colombia y Polonia Se ha desempeñado profesionalmente en Cuba, Canadá, Venezuela, México, Colombia y Chile Miembro de la Fundación "Defendamos la Ciudad"



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