03 Septiembre 2007

EL DÍA DESPUES

Por Héctor Vega, de la Fundación Defendamos la Ciudad, publicado en www.fortinmapocho.cl

Por Héctor Vega, abogado y economista, publicado en www.fortinmapocho.com Editorial La protesta popular del día 29 de agosto ha marcado un día antes y un día después. Como en los tiempos de la dictadura el Ministro del Interior y la Intendenta de Santiago hicieron su pega. Reprimieron a quienes salieron a manifestar su descontento. Hicieron vista gorda a un derecho garantizado en todos los países democráticos del mundo. La policía entrenada para provocar, golpear brutalmente y arrestar a los manifestantes no pudo contener la masividad de la protesta. Las ciudades fueron paralizadas y al final de la jornada el pueblo trabajador tuvo la conciencia que nada ni nadie podía prevalecer frente a sus derechos. Que nadie se llame a engaño, la convocatoria de la CUT tenía por objeto manifestar contra el modelo neoliberal que rige a Chile desde hace 34 años. No se trata de reivindicaciones de grupos de trabajadores que luchan por un pliego de peticiones. Hoy, el pueblo trabajador ha manifestado a lo largo y ancho de Chile contra un sistema que no sólo ha expoliado a aquellos que viven de un salario sino que además ha entregado a las transnacionales las principales riquezas mineras del país, el agua, la energía, la salud, la educación, las pensiones, los puertos, aeropuertos, rutas, comprometiendo con ello, por generaciones, el desarrollo de Chile. El modelo ha llevado a la concentración de la riqueza y al exilio social de vastas capas de la población. Existe conciencia que ni la Alianza, ni la Concertación están dispuestas a remover las leyes que las apernan al poder: el sistema binominal y los quórum calificados, donde la minoría privilegiada vale tanto como las grandes mayorías nacionales. La conciencia ya está instalada que sin movilizaciones sociales no se conseguirá nada. No se entiende que algunos partidos de la Concertación se hayan unido a las protestas. Es decir, son gobierno y al mismo tiempo oposición. La misma cara dura con que la Alianza apoya por una parte las manifestaciones de protesta y por la otra expresa que el problema no es el modelo sino la manera como éste está administrado. Algunos grandes temas de la protesta fueron por los salarios de hambre. Los mismos que hoy justifican las autoridades puesto que les permite mostrar cifras a la baja en el desempleo: hoy, 7%, cifra que no logra ocultar desniveles y discriminaciones inaceptables en un régimen que se dice democrático. Pero también la protesta es por exigir transformaciones profundas en el sistema de negociación colectiva; por el seguro de cesantía; por la solución definitiva para los deudores habitacionales; por las continuas violaciones de los derechos laborales en las grandes tiendas y supermercados; la modificación a la LOCE que el movimiento de los pingüinos colocó el año pasado sobre el tapete y que de manera inmediata se exige terminar con la educación municipalizada, y la pronta creación de una Superintendencia de Educación, entre otras reformas. También se manifestó por la crisis que vive el sector salud, como la escasez de camas en los servicios de urgencia, la falta de médicos en el sistema de asistencia pública. Súmese a ello la protesta contra el Transantiago con que cada día el ciudadano es humillado en su dignidad. Los grandes temas están instalados y ya se anuncia una huelga general para el mes de octubre. Precedida por huelgas en el sector transnacional de la gran minería privada del cobre; huelgas de la salud, los profesores, los estudiantes. Nada hace augurar que el gobierno haya entendido la lección. Pues no se trata de una huelga más o de una manifestación callejera irrelevante en las calles de Santiago. Gobierno y oposición se aferran porfiadamente a un modelo que sobrevive a la dictadura. No han entendido que los procesos sociales no se detienen con la violencia. Ha llegado el momento que el pueblo trabajador tome su destino en sus propias manos pues hoy, más que nunca entiende que el respeto a sus derechos está indefectiblemente ligado a un cambio en el modelo neoliberal.



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