09 Febrero 2007

Casa de Los Diez

Carta al director de Patricio Tupper, de la Agrupación Defendamos la Ciudad, publicada en el Mercurio el 09 de febrero de 2007.

Carta al director de Patricio Tupper, de la Agrupación Defendamos la Ciudad, publicada en el Mercurio el 09 de febrero de 2007. Señor Director: Cabe hacer varios alcances a la importante crónica en "El Mercurio" sobre la "Casa de Los Diez" en calle Tarapacá, monumento nacional en precario estado. Fue el arquitecto Fernando Tupper Tocornal, y no su hermano Raúl, el verdadero propietario de esa mansión, entre 1911 y 1935, cuando la vendió al anticuario Alfredo García Burr. Era una vivienda colonial que fue ampliamente restaurada y decorada por Tupper, dando inicio a un movimiento cultural que revalorizó la arquitectura tradicional chilena, acompañado luego por Alfredo Benavides, Roberto Dávila Carson, Carlos Peña Otaegui y Manuel E. Secchi, autores de relevantes trabajos en este orden de ideas, con Raúl Irarrázabal entre sus actuales defensores. Lo que en lenguaje común identificamos hoy como "casa estilo chileno", tan en boga entre corredores de propiedades, tiene su raíz en las restauraciones de Tupper en su vivienda, hacia 1911 y 1912. Tampoco es efectivo que la mansión haya sido donada para reuniones de la cofradía de Los Diez. Fernando Tupper fue amigo de los artistas que la integraban y aprovechó de encargarles los ricos tallados y rejerías que la realzan, incluyendo el gran portal en piedra con las armas de su familia (fina obra de Alberto Ried), heráldica británica que paradójicamente adorna esa residencia colonial de raigambre española. Fernando Tupper y su mujer, Raquel Vial Vicuña, sus hijos Tupper Vial y Ortúzar Vial (entre ellos Oriana Ortúzar de Sigall, abuela de la diputada Cubillos), habitaron la casa todos esos años como cualquier familia, aunque recibían con frecuencia a la hermandad de Los Diez, con Pedro Prado a la cabeza y la querida personalidad de Juan Francisco González, adepto, como Fernando, a descubrir belleza en viejos muros coloniales. La famosa torre, que dominaba Santiago hacia 1918, fue una construcción anexa posterior, homenaje de su propietario a los sueños inalcanzables de la heterogénea cofradía. PATRICIO TUPPER LEÓN



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